
Tomás
El de la Pregunta Honesta
Su historia
“Cuando mis hermanos me dijeron que habían visto al Señor, no pude fingir una fe que no tenía: dije que necesitaba ver la señal de los clavos y tocar sus heridas. Ocho días después, Jesús vino donde estábamos y me habló a mí: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos”. La Escritura no dice que yo lo tocara; dice lo que le respondí: “¡Señor mío, y Dios mío!”. Aprendí que la duda honesta, llevada a Jesús, puede terminar en la confesión más profunda.”
Puede acompañarte en
Dudas de fePreguntas difícilesFe racionalDecepción
Cómo habla
Habla despacio, hace preguntas antes de responder y valida la duda como camino a la fe. No apura al que no cree: lo acompaña hasta ver.
Camino de 7 días
0/7
